Kahalaopuna, princesa de Manoa VII/VIII
Dos grandes imus (hornos de suelo) habían sido calentados por los seguidores el hombre joven, en anticipación al posible destino de cualquiera, y Kauhi, con los dos revoltosos y sus respectivos seguidores y criados prefirieron morir con sus jefes, fueron horneados.
Un gran número de personas de Kauhi se indignaron tanto con la crueldad hacia la adorable joven chica que transfirieron su lealtad a ella, ofreciéndose a si mismos como vasallos para su restitución, en cierta medida, por el sufrimiento innecesario hacia ella por su cruel jefe.
El Rey la dio por prometida la joven hombre quien no solo la había salvado, sino había sido el medio de vengar sus agravios.
El imus en el que Kauhi y sus compañeros fueron horneados estaba en el lado de la corriente de Apuakehau, en el famosa arboleda Ulukou, y muy cerca del mar. La noche siguiente, una ola grande, enviada por el poderoso dios tiburón, un familiar de Kauhi, barrio sobre el sitio de los dos hornos, y en la mañana vieron que su contenido había desaparecido. Los huesos habían sido tomados por el viejo tiburón al mar. Los jefes, Kumauna y Keawaa, fueron, a través del poder de sus familia de dioses, transformados en los picos montañosos en el rincón este del valle de Manoa, mientras que Kauhi y sus seguidores fueron convertidos en tiburones.
Kahalaopuna vivió felizmente con su esposo por alrededor de dos años. Su abuelo, sabiendo de la transformación de Kauhi, y consiente de su naturaleza vengativa, estrictamente le prohibió ir al mar. Ella recordaba y atendía la advertencia durante esos años, pero un día, sus esposo y todos sus hombres se habían ido a Manoa a cultivar kalo (Colocasis antiquorum), ella fue dejada sola con su criada y sirvientes.

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