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Conoce más de las artes polinesias así como sus beneficios al ser practicadas.
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jueves 5 de enero de 2012

Kahalaopuna, princesa de Manoa IV/VIII

Kahalaopuna, princesa de Manoa IV/VIII

Tan pronto como él se fue, un gran búho, que era un dios, y un familiar de Kahalaopuna, y la había seguido desde casa, inmediatamente empezó a desenterrar en cuerpo; una vez hecho, sacudió la tierra cuidadosamente con sus alas y, respirando dentro de la nariz de la chica, le regreso la vida. Su cara se enrojeció al golpear el templo, y sano inmediatamente. Kauhi no había llegado muy lejos cuando escucho la voz de Kahalaopuna cantando un lamento por su crueldad, e implorándole que le creyera, o, al menos, probara su acusación.

Oyendo su voz, Kauhi regreso, y, al ver al búho volando arriba de ella, reconoció el por que de su resurrección; y, yendo hacia la chica, le ordeno seguirlo. Fueron del lado de cresta que divide el valle de Manoa de Nuuanu. Fue un duro trabajo para la tierna soltera escalar la cresta de la montaña, al mismo tiempo a través de una maraña de matorrales espinosos, y en otra cara contra las rocas desnudas, sosteniéndose de las vides. Kauhi nunca se ofreció a ayudarla, se mantuvo adelante, solo volteaba ocasionalmente para ver si ella lo seguía. Cuando llegaron a la cumbre que divide ella estaba arañada y magullada, y su pa-u (falda) en andrajos. Sentándose en una piedra para recuperar su aliento, le pregunto a Kauhi a dónde iban. Él nunca contesto, pero la golpeo de nuevo con las ramas de hala, matándola instantáneamente, como antes. Entonces cavo un hoyo cerca de donde ella estaba, y la enterró, y comenzó hacia Waikiki por el camino de la cresta Kakea. No estaba lejos cuando el búho de nuevo escarbo la tierra y revivió a la chica, como antes. De nuevo ella siguió y canto una canción de amor y rechazo por la ira de su prometido, y le rogó que dejara a un lado sus sospechas injustas. Al escuchar su voz de nuevo, Kauhi regreso y le ordeno seguirlo. Descendieron al valle de Nuuanu, en Kaniakapupu, y cruzaron sobre la cresta de Waolani, donde él de nuevo mato y enterró a la fiel chica, quien otra ves fue revivida por el búho. Cuando él estaba en su camino de vuelta, como antes, ella canto una canción, describiendo los peligros y dificultades que habían atravesado, y terminaba suplicando por el perdón de la falta desconocida. El miserable hombre, escuchando su voz de nuevo, estaba furioso; y sus repetidos actos de crueldad y el sufrimiento padecido por la chica, lejos de enternecer su corazón, solo sirvieron para hacerlo mas brutal, y extinguir la pequeña chispa de sentimiento bondadoso que tal vez pudo haber tenido originalmente. Su único pensamiento era matarla para bien, y con esto obtener algo de satisfacción por el desperdicio de poi y pescado. Él regreso hacia ella y le ordeno, como antes, seguirlo, y empezaron para Kilohana, en la cima del valle Kalihi, donde la mato de nuevo. Ella otra vez fue revivida por el búho, e hizo saber su resurrección al cantar a su cruel prometido. Él esta vez la tomo a través de las quebradas, barrancos y planicies, hasta que llegaron a Pohakea, en la ladera Ewa de las montañas de Kaala, donde la mato y entero debajo de un gran árbol de koa (Acacia koa). El fiel búho trato de quitar la tierra, para sacar el cuerpo de la chica, pero sus garras se enredaron en las numerosas raíces y raicillas las cuales Kauhi había sido cuidadoso de no cortar. Mientras más escarbaba el búho, más profundo se enredaba, y, finalmente, garras magulladas y plumas erizadas, se dio por vencido a la idea de rescatar a la chica; y quizás, finalmente él pensó era inútil, ya que estaba seguro que ella le daría a saber su resurrección a Kauhi. Así que búho se fue, y siguió a Kauhi en su camino de regreso a Waikiki.

Ahí habían otros testigos de la crueldad de Kauhi, y ese era Elepaio (Chasiempis sandwichensis), una pequeña ave verde, un primo de Kahalaopuna. Tan pronto como el ave vio que el búho había abandonado el cuerpo de Kahalaopuna, el voló directo a Kahaukani y Kauakuahine, y les dijo todo lo que había pasado. La chica estaba perdida, pero, como unos sirvientes habían reconocido a Kauhi, y los habían visto partir juntos ellos supusieron era un paseo en el bosque contiguo, una gran ansiedad no había sido sentida, aún. Pero la pequeña ave les contó su historia, hubo una gran consternación, e incluso incredulidad; de, como alguien en sus sentidos podría, ellos argumentaban, ser culpable de semejante, crueldad hacia un adorable, inocente ser, que le pertenencia enteramente a él.

Mientras tanto, el espíritu de la chica asesinada se mostró en una de las reuniones que pasaban por ahí; y uno de ellos, un hombre joven, movido por la compasión, fue al árbol indicado por el espíritu, y, removiendo las raíces y tierra, encontró el cuerpo, aún caliente. La envolvió en su kihei (banda de hombro), y luego la cubrió completamente con maile, helechos, y jengibre, y, haciendo un haawe, o espalda de carga, de la misma, la llevó a su casa en Kamoiliili. Ahí, él presento el cuerpo a su hermano mayor, quien llamo a dos espíritus hermanas de ellos, con cuya ayuda finalmente tuvieron éxito en represarla a la vida. En curso de su tratamiento ella frecuentemente era llevada a una cueva de agua subterránea, llamada Mauoki, por el Kakelekele (cura hidropática) La cueva de agua ha sido desde entonces conocida como la “Agua de Kahalaopuna.”

El joven hombre que la había rescatado de la tumba naturalmente quería convertirla en su prometida; pero la chica se negó, diciendo que mientras Kauhi viviera ella era de él, y de nadie más, como su propio cuerpo era, por así decirlo, alimentado por su comida, y era tanto su propiedad como la comida lo había sido.

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