Kahalaopuna, princesa de Manoa I/VIII
Akaaka (risa) es un estimulo de proyección de la cordillera a la cima de del valle de Manoa, formado por el corredor a través y encima de Waiakeakua, “el agua de los dioses.” Akaaka fue unida en matrimonio con Nalehuaakaaka, aún representados con algunas lehuas (Metrosideros polymorpha) arbustos muy en la cima de la cordillera. Tuvieron dos niños, gemelos, Kahaukani, un niño, y Kauakuahine, una niña. Estos niños fueron adoptados al nacer por un jefe, Kolowahi, y Pohakukala, quienes eran hermano y hermana y primos de Akaaka. El hermano tomó cargo del niño, Kahaukani, un sinónimo para el viento de Manoa; y Pohakukala la niña, Kauakuahine, significa Famosa lluvia de Manoa. Cuando los niños crecieron, los padres de crianza determinaron que debían estar unidos; y los niños, habiendo siendo educados separados e ignorando su relación, no hicieron objeciones. Se casaron y una niña nació de ellos, quien fue llamada Kahalaopuna. Así Kolowahi y Pohakukala, por conspirar para unir a los gemelos hermano y hermana, hicieron permanente la unión de lluvia y viento por la que se observa en el valle de Manoa, y el fruto de esa unión fue la más hermosa mujer de su tiempo. Así la niñas de Manoa, niñas criadas de las lluvias y vientos de Manoa, generalmente se ha supuesto que tienen la belleza inherente de Kahalaopuna.
Una casa fue construida para Kahalaopuna en Kahaiamano en el camino a Waiakeakua, donde ella vivió con algunos asistentes. La casa fue rodeada por una cerca de auki (dracaena), y un puloulou (señal de kapu) fue puesto a cada lado de la puerta, indicador de suelo prohibido. El puloulou era corto, fuertes polos, cada uno coronado con una bola de tela blanca de Kapa, e indicaba que la persona o personas que habitaban, eran del más lato rango, y sagradas.
Kahalaopuna era una muy hermosa mujer desde su temprana infancia. Sus mejillas eran rojas y su rostro tan luminoso que el resplandor emanado de ella brillaba a través de la paja de la casa cuando ella estaba adentro; una rosada luz parecía envolver la casa, y rayos luminosos parecían jugar constantemente. Cuando ella iba a bañarse en el manantial debajo de su casa, los rayos de luz la rodeaban como un halo. Los nativos afirman que esta luz brillante es aún ocasionalmente vista en Kahaiamano, indicando que el espíritu de Kahalaopuna esta visitando su vieja casa.
Ella fue comprometida en su infancia con Kauhi, el joven jefe de Kailua, en Koolau, cuyos padres fueron sensibles del honor de contemplar la unión de su hijo con la princesa de Manoa, quien era considerada como una descendiente semi supernatural, que ellos siempre enviaron poi de Kailua y el pescado de Kawainui para la mesa de la chica. Ella era, por así decirlo, criada completamente en la comida de su futuro esposo.
Cuando ella creció a una joven mujer, era tan exquisitamente hermosa que la gente del valle hacían visitas al recinto sagrado exterior de Luaalea, los terrenos colindantes con Kahaiamano, solo para tener un vislumbre de su belleza cuando ella iba al manantial. De esta forma la fama de su belleza se esparcio por todo el valle, y llego a los oídos de dos hombres, Kumauna y Keawaa, ambos estaban desfigurados por una contracción de los párpados inferiores, y eran conocidos como makahelei (ojos dibujados). Ninguno de estos hombres habían nunca visto a Kahalaopuna, pero ellos se enamoraron de ella por rumores, y no se atrevían a presentarse como pretendientes a causa de su desfiguración, tejieron y se adornaron con leis (coronas) de maile (Alyxia olivæformis), jengibre, y helechos y fueron a Waikiki para surfear. Mientras ahí ellos hacían alarde la su conquista a la famosa belleza, representando los leis con los que estaban adornados como regalos de amor de Kahalaopuna. Ahora, cuando el surf de Kalehuawehe en Waikiki estaba en buenas condiciones, atrajo gente de todas partes de la isla para disfrutar el encantador deporte. Kauhi, el prometido de Kahalaopuna, fue uno de ellos. El tiempo establecido para su matrimonio con Kahalaopuna se estaba acercando, y él aún no la había visto, cuando las afirmaciones de los dos makahelei llegaron a sus oídos. Eso fue repetido tan frecuentemente que finalmente Kauhi llego a creerles, y ellos lo llenaron con un ataque de celos de su prometida que el decidió matarla. Él comenzó en Manoa en la madrugada, y procedió tan lejos como Mahinauili, a medio valle, donde el descansó debajo de un hala (Pandanus odoratissimus) árbol que crecía en el bosque de wiliwili (Erythrina monosperma). Él se sentó ahí algún tiempo, meditando sobre la falta hacia él, y alimentando su irá. Al reanudar su camino lo interrumpió y llevó consigo un puñado de nueces de hala. Era muy tarde cuando el llegó a Kahaiamano y se presentó ante la casa de Kahalaopuna. Acababa de despertar de un sueño, y estaba recostado en una pila de esteras frente a la puerta, pensando en ir al manantial, su usual lugar de baño, cuando percibió a un extraño en la puerta.

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