Kahalaopuna, princesa de Manoa II/VIII
Ella lo miró por un tiempo, reconociéndolo de las frecuentes descripciones, le pidió entrar; pero Kauhi se negó, y le pidió a ella que saliera. La joven chica había sido acostumbrada desde su infancia temprana a considerarse a si misma perteneciente a Kauhi, y a estar agradecida, como era, por su comida diaria, ella le obedeció sin dudar.
El quizás intento matarla entonces, pero la ciega obediencia de la chica también como su extremo amor lo hizo vacilar por un momento; y después de mirarla atentamente por un rato le dijo que se bañara y después se preparará para acompañarlo en un paseo por el bosque.
Mientras Kahalaopuna esta bañándose, Kauhi permaneció sentado de mal humor donde ella lo había dejado, y miro el brillo luminoso, como rayos de arcoiris, jugando sobre el manantial. El estaba alternativamente lleno con celos, arrepentimiento, y deseo por la gran belleza de la chica, pero eso no lo hizo cejar en su terrible propósito. ¡El parecía resentir la supuesta infidelidad de su prometida! Tanto más porque ella se había aventado con esas personas indignas, quienes eran, además, feas y desfiguradas, mientras él, Kauhi, no solo era una persona de rango y distinción, también poseía una considerable belleza masculina.
Cuando ella estuvo lista él le indicó seguirlo, y giraron para ir sin una palabra. Ellos fueron a través Kumakaha a Hualea, cuando la chica dijo, “¿Por qué no te quedas y tomas algo de comer antes de irnos?”
Él contesto mal humorado, “No me importa comer; no tengo apetito.”

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