Kahalaopuna, princesa de Manoa III/VIII
Se veía tan severo para ella como lo había dicho que ella le grito, “¿Estas molesto conmigo? ¿Te he disgustado en alguna forma?”
Él solo dijo, “¿Por qué, que has hecho que me disgustara?”
Él se mantuvo en su camino, ella siguiéndolo, hasta que llegaron a una gran roca en Aihualama, cuando el volteo abruptamente y, enfrente de la joven chica, la miro con una expresión de nostalgia mezclada con odio. Al final, con un profundo suspiro, le dijo, “Tu eres hermosa, mi prometida, pero tu has sido falsa, debes morir”
La joven chica alzo la mirada con sorpresa ante esas extrañas palabras, pero solo vio odio y propósito de muerte en los ojos de Kauhi; así que ella dijo: “Si tengo que morir, ¿Por qué no me mataste en casa, entonces muchas personas podrían sepultar mis huesos; me trajiste al bosque salvaje, y quién me enterrará? Si piensas que he sido falsa contigo, ¿Por qué no buscaste prueba antes de creerlo?”
Pero Kauhi no escuchó su apelación. Quizás sólo sirvió para recordarle lo que el consideraba era su gran perdida. Él la golpeo en la sien con el pesado racimo de nueces de hala que él había roto en Mahinauli y que había cargado todo el tiempo. El golpe mato a la chica instantáneamente, y Kauhi a toda prosa cavo un hoyo debajo de un lado de la roca y la enterró; entonces el comenzó a bajar al valle hacia Waikiki.

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